La Habana, con mucho ritmo

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Una imagen aérea de la Habana Vieja. Fotografía de Kudumomo
Una imagen aérea de la Habana Vieja. Fotografía de Kudumomo

Por: Meritxell Díaz

Para los amantes de la salsa, pero en general para los amantes de la música y el ritmo, Cuba es lo más parecido a su paraíso en la tierra. Se oye música en cualquier rincón, su gente parece bailar más que caminar y la alegría flota de algún modo en el aire. La Habana capitaliza esta pasión.

Por más días que uno pase en La Habana, estos nunca serán suficientes para conocerla a fondo. Aparte de los imperdibles de la ciudad, de esos monumentos y lugares que uno no puede dejar de visitar, siempre hay restaurantes, bares o locales que quedarán pendientes. En La Habana uno sabe dónde empieza pero nunca dónde acaba: la amabilidad y la cercanía de la gente pueden llevar al visitante a entablar largas conversaciones sin fin, que le detengan en un punto de su visita. Es interesante el ejercicio de aprender a no mirar el reloj y disfrutar de lo que vaya acaeciendo, sin lamentarse por no llegar a lo previsto, y alegrándose de todos los imprevistos que enriquecen el viaje.

Los imperdibles

La Habana vieja: El barrio antiguo concentra muchas de las visitas obligadas de la ciudad. Es muy interesante pasear por las cuatro plazas de esta zona, que además están muy cerca la una de la otra, la plaza de la Catedral, la Plaza Vieja, la Plaza de Armas y la Plaza de San Francisco de Asís. Estos lugares son testimonio de la historia de la ciudad y en ellas se pueden ver interesantes palacios –como el que se ha convertido en el Museo de la Ciudad–, iglesias, la Lonja de Comercio…

Fue con el objetivo de proteger La Habana que se construyó el Castillo de los Tres Reyes del Morro y la fortaleza de San Carlos de la Cabaña. Se puede subir al mirador del farro en el Morro. A las nueve de la noche se puede disfrutar del espectáculo del Cañonazo, una tradición que data de siglos atrás y que todavía se mantiene para recordar aquel cañonazo que servía para recordar que se cerraban las puertas amuralladas de la ciudad.

Uno de los autos de La Habana. Fotografía de Ilkerender
Uno de los autos de La Habana. Fotografía de Ilkerender

El Malecón: Sin duda un lugar por el que pasear de día y de noche. El Malecón es el paseo frente a la costanera. Prácticamente todas las casas que se encuentran en primera línea de mar tiene la fachada medio destruida por el  efecto de la cercanía del agua del mar, que despega la pintura de las paredes. Esto le da un aspecto decante y melancólico, a la vez que pintoresco. Al atardecer, el Malecón se convierte en un paseo para los enamorados. Allí acuden también músicos profesionales y no profesionales que, guitarra en mano, animan el ambiente del paseo. Frente a algunos, se forman corrillos de baile improvisado.

La Plaza de la Revolución: Una de las más grandes del mundo. En esta plaza, las estatuas de dos iconos revolucionarios, Che Guevara y Camilo Cienfuegos. Es aquí donde se puede observar la famosa fachada con la cara del Che dibujada en metal.

El Capitolio Nacional: Este imponente edificio inspirado en el clásico capitolio romano es el segundo en altura en la ciudad. Se puede acceder para completar su arquitectura desde el interior.

El Callejón de Hamel. Fotografía de Pog8tor
El Callejón de Hamel. Fotografía de Pog8tor

El Callejón de Hamel: Una pequeña caña de La Habana, conocida como El Callejón de Hamel, reúne cada domingo a mediodía los mejores ritmos afrolatinos. Llegan los músicos, llegan los bailarines y llenan de color el ya colorido callejón. Se bebe negrón, una bebida típica que mezcla limón, miel, ron y menta. El Callejón de Hamel es un templo a los orishas y al resto de divinidades. Sus paredes son una galería de murales al aire libre. La calle empezó a adquirir este carácter tan peculiar en el año 1990, cuando Salvador González pisó el lugar por vez primera: iba a visitar a un amigo y se encontró con un lugar gris y deteriorado. Fue así como decidió poner en marcha un proyecto artístico de comunidad para dar color y vida a la calle. La gente de la zona fue, poco a poco, sumándose al proyecto y pintando los edificios con formas de estilo expresionista y cubista para dar visibilidad a la cultura africana y a los valores ancestrales. En la calle también hay una pequeña galería del artista Salvador González. Si bien se puede visitar cualquier día de la semana, el domingo el Callejón se convierte en un espectáculo de baile y música. Suenan los tambores, se afinan las voces para entonar las melodías más alegres y más oscuras. Este lugar nos muestra otra cara musical de la ciudad.

No perderse tampoco…

Los diferentes barrios de La Habana, desde la clásica Rampa en el Vedado, a la fábrica de Partagás en Centro Habana. Asimismo, tomarse un helado en la famosa heladería Coppelia, para lo cual es probable tener que hacer una larga cola de más de media hora. Y, cómo no, probar un mojito en los míticos locales de La Bodeguita del Medio o El Floridita que, aunque turísticos, son parte de la historia cubana.

El clima

La Habana tiene un clima tropical. La temperatura no suele variar a lo largo de todo el año, está entre los 18 y los 35 ºC. Sin embargo, algún invierno ha bajado de los 10 ºC. Los meses de julio y agosto suelen ser la temporada de huracanes. La humedad es elevada por lo que la sensación de calor es más agobiante y pegajosa.

¿Cómo llegar?

Al aeropuerto internacional José Martí, de La Habana, llegan vuelos de casi todos los puntos del planeta. Si no, se puede llegar mediante conexiones.

Para más información, visite la página oficial

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