¿China en «El Quijote»?

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WEB quijoteHoy os dejamos con una curiosidad: la mención que se hace de China en la segunda parte del libro en español por excelencia, Don Quijote de La Mancha (publicado en 1605). Miguel de Cervantes tuvo ya en su tiempo un gran éxito con esta obra en la que parodiaba los libros de caballería y que es parte esencial de la historia de la literatura universal.

Otro escritor, del que todavía hoy se desconoce su verdadera identidad, publicó una segunda parte de El Quijote que enfureció a Cervantes. Como por aquel entonces eso de los derechos de autor no estaba de moda, lo único que pudo hacer para defender a su personaje fue escribir él mismo una segunda parte de El Quijote, que se publicó en 1615.

Esta segunda parte tiene una divertida dedicatoria al Conde de Lemos, mecenas de Cervantes, en la que, con mucha gracia e ironía, explica lo mucho que le han pedido una segunda parte digna para su Quijote. Cervantes pone, como ejemplo ficticio de la fama de su libro, una petición del mismísimo emperador chino para que le lleve el libro y sea el director de un colegio de lengua española en China. Por desgracia, el emperador no está dispuesto a pagarle el viaje y Cervantes rechaza la oferta.

Aquí os dejamos ese fragmento:

«Dedicatoria al conde de Lemos

Enviando a Vuestra Excelencia los días pasados mis comedias, antes impresas que representadas, si bien me acuerdo, dije que don Quijote quedaba calzadas las espuelas para ir a besar las manos a Vuestra Excelencia; y ahora digo que se las ha calzado y se ha puesto en camino, y si él allá llega, me parece que habré hecho algún servicio a Vuestra Excelencia, porque es mucha la priesa que de infinitas partes me dan a que le envíe para quitar el hámago y la náusea que ha causado otro don Quijote, que, con nombre de Segunda parte, se ha disfrazado y corrido por el orbe; y el que más ha mostrado desearle ha sido el grande emperador de la China, pues en lengua chinesca habrá un mes que me escribió una carta con un propio, pidiéndome, o, por mejor decir, suplicándome se le enviase, porque quería fundar un colegio donde se leyese la lengua castellana, y quería que el libro que se leyese fuese el de la historia de don Quijote. Juntamente con esto, me decía que fuese yo a ser el rector del tal colegio.

Preguntéle al portador si Su Majestad le había dado para mí alguna ayuda de costa. Respondióme que ni por pensamiento. «Pues, hermano -le respondí yo-, vos os podéis volver a vuestra China a las diez, o a las veinte,   o a las que venís despachado, porque yo no estoy con salud para ponerme en tan largo viaje; además que, sobre estar enfermo, estoy muy sin dineros, y emperador por emperador, y monarca por monarca, en Nápoles tengo al grande conde de Lemos, que, sin tantos titulillos de colegios ni rectorías, me sustenta, me ampara y hace más merced que la que yo acierto a desear».»

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