Más de mil y un días en China

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Por Emilio Bassil Amín*

Los Hispanos y demás extranjeros residentes en este país hemos coincidido aquí en diferentes circunstancias y teniendo diversas metas en perspectiva, atraídos por Asia o traídos por el destino. Aquí hemos pasado por experiencias muy similares en un momento dado y en cada una de ellas se pueden encontrar suficientes motivos para contar una historia personal escribiendo o conversando acerca de todas esas vivencias que hayan ocurrido tan lejos de casa, tales como… Celebrar Navidad con la familia en Latinoamérica y luego, con siete días de intervalo, al otro lado del planeta, oír a nuestras amistades chinas que nos augurando la buenaventura a medianoche, al decirnos “¡新年快乐!” o “¡Feliz Año Nuevo!”.

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Familiarizarnos con las tradiciones nacionales para la fecha, entre otras, la entrega de sobres con dinero a niños y jóvenes como deseo de buena suerte; los versos escritos en caracteres que significan felicidad y prosperidad para un periodo que comienza; al igual que la decoración en rojo, el lanzamiento de petardos y las danzas del león o el dragón, con ruidosos platillos y gongs para ahuyentar bestias míticas y espíritus malignos; el pez como símbolo de abundancia, los juegos pirotécnicos y, sobre todo, la integración familiar alrededor de platos típicos como los raviolis 饺子 (Jiaozi) para la cena de «Noche vieja”. También nos enteramos de la importancia de saber a cual de los doce animales del calendario lunar esta dedicado cada Año Nuevo Chino y la relevancia que la población local les da a algunos de ellos para hacer coincidir el del dragón o el del caballo, por dar solo dos ejemplos, con el inicio de un proyecto o, para muchas parejas, con la llegada de un hijo al hogar.

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Y otro festejo que se nos da por partida doble, porque pocas semanas después del Nuevo Año Chino, volvemos a reunirnos con ocasion del «Chuxi» (除夕, chúxī; chu, “Pasar”, y xi, “Víspera”) por la Fiesta de la Primavera con su Festival de Faroles, que nos permite disfrutar de cortas vacaciones aprovechadas para comenzar a recorrer una ciudad o alguna provincia del pais. También se manifiesta en un centro nocturno de Beijing mientras escuchamos música salsa, viendo parejas chinas bailandola con maestría… Iniciar un nuevo ciclo de vida al que nos vamos adaptando a medida que transcurre el tiempo, y mantener siempre una actitud de tolerancia, aceptación y respeto por lo que vemos a nuestro alrededor en materia de costumbres o maneras de socializar, dandole valor a las frecuentes muestras de amable aprecio y calida hospitalidad que, por lo general, recibimos los “Laowais” iberoamericanos y otros “Expats” por parte de la población local. Nos habituamos a tomar agua hervida o te. Los cubiertos que siempre habíamos usado son ahora remplazados por “Chopsticks” que en corto tiempo llegamos a manejar con cierta habilidad tratando de seguirnos por las normas de etiqueta locales.

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Sorprenderse al escucharse pronunciando pronto las primeras palabras en mandarín y algunas frases que nos parecen mas fáciles de memorizar para expresarnos en una lengua que tal vez nunca antes habíamos oído, pero que ahora nos proponemos estudiar y cuyo aprendizaje requiere de mucha dedicación, además de un real interés por llegar a dominarla. Mientras tanto, todos hemos recurrido al lenguaje de señas, incluso al dibujo de gráficos básicos para hacernos entender en caso de necesidad, por lo limitados que pueden ser nuestros nuestros conocimientos en el idioma local en un comienzo. El uso frecuente de aplicaciones tan útiles como las de traductores en los celulares o Smartphones que definitivamente son también elementos de primordial y de indispensable necesidad para orientarse por medio de planos detallados en ciudades tan gigantescas como Beijing, Shanghai o Guangzhou y ubicar en ellas un punto de encuentro o un sitio de interés turístico. Todas estas son tan solo algunas de las experiencias por las que pasamos los “Laowais” que vivimos en este país. Pero hay muchas otras por mencionar, por lo cual estos mil y un días en China nos ofrecerán más experiencias por vivir.

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* Arquitecto Colombo-Libanés, se desempeña como profesor universitario.Vivió 7 años tanto en el Líbano como en China, donde aún esta radicado. Desde el 2012 colaborador de «Hola China».

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