Un año más… ¿cómo los demás?

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Por Adrián Cisneros Aguilar.

El 2014 se acaba. Para muchos, éste es el momento en que se concilian las cuentas, se realiza una evaluación de lo acaecido en este año, se aquilata lo que se ha hecho bien y lo que falta por hacerse, al tiempo que se visualiza lo que está por venir. Hola China no es la excepción, por lo que, buscando poner “mi granito de arena” a los análisis que seguramente están realizando aquellos individuos y organizaciones que tienen que ver con China, a continuación presento la actividad que más probablemente desplegará China en Iberoamérica en 2015, así como mis perspectivas al respecto.

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Comencemos por lo que es claro: China enfrentará bastantes retos en 2015. No es poca cosa lidiar, después de años de crecimiento acelerado, con un mercado de bienes raíces en contracción, altos niveles de deuda de los gobiernos locales y una caída en los precios. Para hacer frente a lo anterior, de acuerdo con la Conferencia Central de Trabajo Económico (la reunión anual convocada por el Comité Central del Partido Comunista, encargada de establecer la agenda económica nacional), China seguirá adoptando una política monetaria “prudente”, continuando con el otorgamiento de mini-paquetes de estímulos a la industria, así como con una política fiscal “proactiva”, que otorga estímulos fiscales para apoyar a las empresas en las industrias de infraestructura, agricultura, industria limpia, energías alternativas, cultura y salud, entre otros. Lo anterior, incluso a expensas de un mayor déficit fiscal para el próximo año.

Consecuente con las medidas arriba señaladas, el País del Centro (Zhong Guo, 中国,así se llama China en chino) continuará dándole un impulso muy grande a su “política de ir al extranjero” (走出去战略). Particularmente en América Latina, se observa que China ya no se enfocará, como hasta ahora, en la obtención de materias primas y recursos naturales, sino en la consolidación de un proceso de diversificación de sus inversiones que ya ha iniciado este año, con el propósito ostensible de afianzar su posición como segunda economía mundial y con miras a superar a Estados Unidos en los próximos años. El proceso de diversificación tendrá lugar mediante la relocalización de plantas manufactureras (como ya ocurre en otros países asiáticos), así como la conclusión de fusiones y adquisiciones de empresas en la región, a fin de obtener tecnología de punta, propiedad intelectual y nuevas marcas para el mercado chino en las industrias antedichas. Ahora, para diversificar sus inversiones en Iberoamérica específicamente, China se valdrá del financiamiento de proyectos de desarrollo, en especial la construcción de redes de ferrocarril y de diversas obras de infraestructura, tan necesarias para América Latina.

Aquí cabe señalar que, como en el resto del mundo, la iniciativa privada china continuará liderando el proceso de diversificación por encima de las empresas paraestatales, las cuales seguirán experimentando un declive en este sentido. Esto abona para concluir que dicho proceso constituye una tendencia que llegó para quedarse, y si consideramos que ello se ve facilitado por el relajamiento a las restricciones a la inversión extranjera directa saliente (ODI por sus siglas en inglés) realizada por el Consejo de Estado, encontraremos que China podría colocarse a la cabeza de Estados Unidos y Japón como principal inversionista del mundo, más pronto de lo que pensamos. En efecto, la lista de ODI actual, emitida en noviembre pasado, busca animar a las empresas chinas a incursionar en los mercados internacionales, liberando aproximadamente 99% de los proyectos de inversión contenidos en la lista anterior de la obligación de solicitar autorización gubernamental, sujetando a las empresas solamente a registrar los mencionados proyectos.

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Finalmente, derivado de la lucha anticorrupción emprendida por el gobierno chino y su búsqueda de un estado de derecho, podemos esperar que continúe en 2015 la tendencia de observar un cumplimiento más estricto de las leyes por parte de las autoridades. Esto significa que seguirá siendo cada vez más difícil operar en China sin legalizarse, evadiendo impuestos o sin reportar estatus societarios, financieros, etc.

Con todas estas acciones, China busca estabilizar su economía y garantizar el crecimiento sostenido del país, y como se ve, más que nosotros ir, China viene -y viene duro- a Iberoamérica. Lo importante, por tanto, es contestar ¿cómo respondemos a las situaciones señaladas? ¿Cómo asegurarnos que las estrategias seguidas por China resulten tan benéficas para nosotros, iberoamericanos, como para ellos?

De entrada, considero imperativo dejar de ver a China meramente como “la fábrica del mundo”, donde se compran artículos baratos y de baja calidad. Igualmente, se debe dejar de verla como un mero mercado para vender comestibles, bebidas, accesorios y demás artículos típicos. La naturaleza de las inversiones que se vienen, así como el aumento en el poder adquisitivo del chino promedio demuestran que esta visión es ya muy pequeña, y no permite que potenciales socios e inversionistas chinos nos tomen en serio, por considerar que carecemos de una visión holística de nuestra relación con China y por tanto nos concentramos en el comercio de bienes, más que en las inversiones y en tener una presencia comercial permanente en su país.

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Ahora bien, siendo pragmáticos, es claro que muy pocos países (ya no digamos empresas) en Iberoamérica tienen la posibilidad de establecer una presencia en China como la que describo. Eso lo entiendo. Y, sin embargo, ello no debería obstar para ampliar nuestra visión del potencial que ofrece este país. El punto es, me parece, ver y encarar China como un bloque. Ver qué podemos, como iberoamericanos, ofertar conjuntamente, para entonces obtener ventajas conjuntas. Una razón por la cual, con excepción quizá de España, Brasil y Chile, los países iberoamericanos no han sacado provecho de China es porque no existe entre ellos una conciencia de este país. No se le percibe como una presencia cercana e inminente, así como tampoco se acaba de comprender que tratar con los chinos no implica tratar con los extranjeros a los que estamos acostumbrados: los occidentales. La cultura, la cosmogonía y los valores, aunque llegan a presentar rasgos comunes, no son iguales.

Otro problema es que, hasta ahora, cada país en Iberoamérica ve por sí en lo que a China se refiere y entiende a dicho país como un ente unitario, cuando en realidad su diversidad es indicativa de una región. Esto lleva a que los beneficios obtenidos de las relaciones políticas o económicas con China sean, hasta ahora, más bien magros, especialmente en comparación con Europa o Norteamérica. Irónicamente (o quizá no), China sí nos entiende como región, no diferenciando muchas veces un país de otro y sólo ubicando geográficamente dónde se halla lo que necesita. Empero, es esto mismo lo que me lleva a pensar que es posible valerse de esta visión para comenzar a pensar en establecer cadenas de producción regionales, y por qué no, eventualmente presentarse ante China como un bloque legalmente integrado.

 

Dejo estas ideas para su consideración durante este periodo vacacional. Una cosa es cierta, el año nuevo, sea chino o extranjero, debe ser una época de reflexión y de autocrítica, de introspección y de reevaluación. Pero, sobre todo, debe ser un periodo de renovación de lo que he dado en llamar nuestro “pacto con China”. No olvidemos que la «tarea no hecha» con China se traduce en decisiones erróneas por parte de organismos públicos y privados por igual, por lo que abordar las cuestiones aquí descritas es renovar nuestro pacto, para todos los que vivimos o guardamos alguna relación con ambas regiones. Al menos en mi experiencia, el secreto del éxito en China está en ser capaz de adaptarse a los cambios, sin cambiar los objetivos.

Adrián Cisneros Aguilar está realizando un Doctorado en ciencia jurídica en la escuela de derecho de KoGuan, patrocinado por el Gobierno de Shanghái y por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México. Su investigación se centra en la integración de América Latina y su relación con China. Adrián es Licenciado en Derecho por la Universidad Panamericana en México y tiene un Máster en leyes de la Universidad de Wuhan, en China, donde se graduó con honores.

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